Microrrelatos que me rodean

Desde pequeña escribo. Escribo historias. Historias reales y otras inventadas. A veces, ¿por qué no? una realidad inventada. O mejor dicho: realidades imaginadas. Porque sólo vemos parte de lo que pasa a nuestro alrededor, y para poder contar una historia completa debemos imaginar el resto.

Así, he ido escribiendo microrrelatos de personajes que me he ido encontrando durante estos años. Todos los personajes son reales, todos existen, y las situaciones las he vivido en algún momento. Eso sí, me he tomado la libertad de entremezclarlas, de crear nuevos escenarios, y de dotar de vidas que desconozco a personas que me he ido cruzando. Nada es del todo cierto, y nada es del todo falso. Igual que en nuestro día a día, las cosas no son siempre lo que parecen…

Algunas de estas historias también las iré incluyendo en este “cuaderno virtual” que he comenzado. Para que las lean, las disfruten, y ¿quién sabe? puedan inspirar las suyas propias…

Comienza hoy, en este preciso momento, y en este mismo lugar… ” Mirorrelatos que me rodean”.

Entre bruma, viento y risas.

Aún era de noche cuando salí de casa. El viento y la bruma advertían que el otoño avanzaba tranquilo, mientras el invierno se iba adentrando con prisa, queriendo arrebatarle ya su territorio, intentando conquistar parte de su tiempo.

Corrí hacia el aparcamiento para coger el coche, y fue entonces cuando les vi. Allí estaba el viejo coche blanco, aparcado, con una puerta abierta mientras una mujer luchaba por entrar. Al principio no entendí lo que pasaba, y creí que era cosa del viento, que intentaba cerrar la puerta mientras ella insistía en entrar, pero no, no podía entrar al coche, porque, a pesar del frío, a pesar de la bruma y de que estaba totalmente empapada, no podía dejar de reír, como borracha de felicidad. Mientras tanto, él se peleaba con la puerta del maletero y una mini-maleta. Le pasaba exactamente lo mismo…la risa no le permitía soltar el pequeño “trolley” de una vez, cerrar y entrar al coche.

“Guten Morgen”, les dije al llegar con una gran sonrisa, contagiada por el ambiente que rodeaba la escena. “Guten Morgen”, me contestaron aún sin parar de reír. Al fin entraron los dos en su coche, y yo en el mío, pero continuamos mirándonos todavía unos segundos, el tiempo justo para que los tres estallásemos a reír a carcajadas….como si no hubiese nada más alrededor, como si nada importase: ni el frio, ni la bruma, ni la lluvia, ni el lamentable estado en que se encuentran nuestros coches…¿por qué no decirlo?….  Y así, a carcajada limpia, nos dijimos adiós con la mano y avanzamos por diferentes caminos…

Los habitantes del número 10 se han ido de vacaciones, y yo, quedo encargada de las risas y la felicidad de este territorio…

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